Cuidemos al cuidador de la persona dependiente

Cuidemos al cuidador de la persona dependiente

Aunque vejez y dependencia no son sinónimos, dos terceras partes de las personas con discapacidad son mayores de 65 años. El cuidado informal (no profesonalizado) de estas personas habitualmente recae en un miembro de la familia, normalmente hija o esposa, de edad intermedia (53 años) y sin actividad laboral (ama de casa, pensionista, jubilada o parada). 

Los cuidadores, a menudo, refieren sentirse útiles, hablan de un aumento de autoestima y de la satisfacción de verse capaces de afrontar nuevos retos. Sin embargo, existe evidencia científica de repercusiones emocionales negativas, especialmente en aquellas personas que han de hacer frente a problemas conductuales en sus mayores (vagabundeos, gritos, destrucción de objetos…).

Cuidar es duro. El cuidador se desgasta emocional y físicamente, y eso puede generar rechazo hacia el dependiente. Por tanto es vital que sea consciente de que debe protegerse.

El estrés, la fatiga y el agotamiento se producen como consecuencia de la lucha diaria para cuidar al dependiente, porque a menudo esta tarea genera la sensación de ausencia de control. Todo ello puede desembocar en el llamado “síndrome del cuidador quemado o burn-out”.

Esta afección se caracteriza por un profundo desgaste emocional y físico de la persona que cuida al dependiente. Si cuidador y dependiente conviven, este desgaste es aún mayor.

Si el cuidador reprime con mucha frecuencia sus sentimientos y emociones, aumenta la presión que soporta. Esto puede desembocar en actitudes y sentimientos negativos hacia la persona dependiente, además de desmotivación, depresión, angustia, agobio, irritabilidad e incluso violencia. La situación puede sumarse a problemas de otra índole como laboral, económica o legal.

El mayor consejo que podemos dar desde este blog es: CUIDA AL CUIDADOR.

El cuidador debe, entre otras cosas:

  • Pedir ayuda y saber delegar.
  • Hacer ejercicio.
  • No dejar de hacer planes con amigos.
  • Preocuparse por su alimentación y descanso.
  • Fomentar la autonomía del dependiente.
  • Acudir a grupos de apoyo, familiares.

Javier Laparra Garrido (@Laparrovic)
Especialista en Enfermería de Salud Mental
Miembro de ANESM Navarra @AnesmNavarra

Concepción Molina Pérez

Especialista en Enfermería Geriátrica
Vocal de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología (SNGG) (@sngeriatria)

Bibliografía:

¿Seguro que la abuela come “lo normal”?

Los ancianos “normalmente” comen menos porque disminuyen sus necesidades físicas. Con la edad, el estómago pide menos cantidad de alimento. A veces, las pérdidas sensoriales también afectan. Los sabores y olores se perciben de forma distinta y los platos no resultan atractivos a la vista. La salud bucal es otro factor a tener en cuenta: la sequedad de boca, los problemas de dentición, las prótesis dentales que no adaptan bien y provocan dolor, pueden disuadir al anciano de comer adecuadamente.

Es difícil poner en evidencia la falta de apetito (hiporexia) porque, a menudo, ni los pacientes ni sus cuidadores, lo mencionan; simplemente lo encuentran normal. Sin embargo, esa pérdida de apetito puede ser un síntoma de  enfermedad, normalmente de carácter psicológico. Los fármacos también pueden provocar falta de apetito.

Foto: Pixabay


La desnutrición es la consecuencia más grave de la hiporexia y abre el círculo vicioso de la enfermedad,  las complicaciones, las estancias hospitalarias, e incluso, la muerte. Si usted quiere saber si “la abuela” come lo normal, tenga en cuenta que el principal signo de alarma es el peso. Toda pérdida de peso no intencionada indica que se está comiendo por debajo de las necesidades reales. Otros signos de alarma son el plato lleno y frío abandonado sobre la mesa, el jugueteo con los alimentos durante la comida o la sustitución de comidas por el consumo de dulces a deshoras.

Concepción Molina Pérez
Especialista en Enfermería Geriátrica
Vocal de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología (SNGG) (@sngeriatria)

Bibliografía:

Alimentación y ejercicio en personas mayores

La nutrición es muy importante para la salud física y emocional. Si usted dispone de tiempo, acompañe al anciano durante la comida para que le resulte más reconfortante y agradable. Si está inapetente, tenga paciencia y evite que la necesidad de alimentarse se convierta en un acto de sufrimiento.

En general, la alimentación tiene que ser equilibrada, variada y gastronómicamente aceptable. La comida, en el caso de los ancianos, debe ser fácil de preparar y capaz de estimular el apetito. Es importante que los platos estén bien presentados y que faciliten la masticación y la digestión.


Se recomienda realizar 5-6 comidas al día y limitar la cantidad en cada ingesta. De esta manera, se obtienen mejores digestiones y es más fácil mantener controlados los niveles de glucosa en sangre.
Alimentación en el anciano


Los déficits nutricionales más comunes en personas mayores son la falta de vitamina D y la falta de zinc. El déficit de vitamina D se asocia a caídas y puede provocar anemia, úlceras en la boca y pérdida de pelo. Para evitar este problema se recomienda ingerir verduras y legumbres verdes, frutas, hígado, cereales y levadura de cerveza. La falta de zinc afecta al sentido del gusto y del olfato y disminuye las defensas. Entre los alimentos con alto contenido en zinc encontramos carnes, pescados, mariscos, legumbres, huevos, quesos curados y cereales integrales.

El ejercicio también es importante. Sin embargo, debe individualizarse de acuerdo al estado de salud y la condición física de cada persona. Habitualmente se aconseja caminar, nadar, bailar o trotar; siempre y cuando no exista contraindicación médica.

Concepción Molina Pérez
Especialista en Enfermería Geriátrica
Vocal de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología (SNGG) (@sngeriatria)

Bibliografía:

Cómo comunicarse con el anciano que no oye bien


Seguramente usted ha observado que las personas mayores que no oyen bien fijan su atención en los gestos y movimientos que hacemos. Si presta atención a las siguientes recomendaciones conseguirá que la comunicación con el anciano con presbiacusia sea más efectiva:

  • Asegúrese de que la luz está frente a usted cuando le hable.
  • Mire de frente a la persona, para que ella pueda ver su cara. Vocalice correctamente.
  • Evite invadir el espacio personal de su interlocutor y procure no moverse a su alrededor mientras le habla.
  • Evite hablar mientras mastica o cubrir su boca con las manos.
  • Hable levemente más fuerte que lo normal, pero no grite. El grito puede distorsionar su habla.
  • Hable a velocidad normal y no exagere los sonidos ni gestualice exageradamente.
  • Utilice frases cortas y sencillas.
  • Compruebe la comprensión del mensaje y reformule las frases si cree que no le están entendiendo.
  • indicios sobre del tema de la conversación siempre que sea posible.
  • Durante las conversaciones, evite el ruido de fondo. Por ejemplo: apague la radio y/o la televisión.
  • En restaurantes y reuniones sociales, elija los asientos más tranquilos, lejos de áreas de conversación con mucha gente o con gente ruidosa.
Concepción Molina Pérez
Especialista en Enfermería Geriátrica
Vocal de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología (SNGG) (@sngeriatria)

Bibliografía:

  • Presbiacusia. National Institute on Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD)
  • Cobo Domingo JC. Cambios físicos y psíquicos en la vejez. En: Formación continuada Logoss. Geriatría y Gerontología. Atención integral al anciano. 14ª edición. Formación Continuada Logoss SL; 2008. p. 27-55.

“El abuelo solo oye lo que quiere”

Si usted es de los que piensan que el abuelo es un cascarrabias que solo oye lo que quiere, se equivoca. La pérdida de audición asociada al envejecimiento es un problema común que afecta a los ancianos y provoca conductas de aislamiento. Si “el abuelo” se muestra irritable y desconfiado, tiene la impresión de que ustedes cuchichean a sus espaldas, y cree que hablan a escondidas de él, seguramente, “ha perdido oído”.

La pérdida de audición asociada al envejecimiento se instaura gradualmente y afecta predominantemente a las frecuencias altas. Este es el motivo por el que, por ejemplo, la voz del hombre es más fácil de oír que la de la mujer. En general, los sonidos se perciben menos claros y de menor volumen. El habla de los demás parece un murmullo, algunas consonantes no se identifican con claridad y las conversaciones son difíciles de entender; sobre todo, si hay ruido de fondo.

Paradójicamente, algunos sonidos resultan enormemente molestos y fuertes. Puede que le cueste creerlo, pero es verdad. “El abuelo” detesta la zona de carga y descarga que han puesto bajo el balcón. El ruido del motor de las furgonetas de reparto es ensordecedor. Sin embargo, esta mañana no ha atendido al cartero porque, simplemente, no oyó sonar el portero automático…

Concepción Molina Pérez
Especialista en Enfermería Geriátrica
Vocal de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología (SNGG) (@sngeriatria)



Bibliografía:

  • Presbiacusia. National Institute on Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD) 

  • Cobo Domingo JC. Cambios físicos y psíquicos en la vejez. En: Formación continuada Logoss. Geriatría y Gerontología. Atención integral al anciano. 14ª edición. Formación Continuada Logoss SL; 2008. p. 27-55.

La dependencia, consecuencia más temida del envejecimiento

La consecuencia más temida del envejecimiento es la dependencia. En términos generales, causa sufrimiento y disminuye la calidad de vida de las personas mayores y sus familias.

La dependencia en el anciano se relaciona con el aumento de la prevalencia de enfermedades comunes, con frecuencia, de carácter crónico. A menudo se asocia a mortalidad, institucionalización y aumento de consumo de recursos sanitarios y sociales. 

Se ha observado que las tasas de discapacidad aumentan con la edad. De hecho, a partir de los 80 años, uno de cada dos mayores declara alguna discapacidad (50%). El porcentaje de personas que tienen limitaciones en las actividades aumenta a tres de cada cuatro personas (75%) a partir de los 90 años. En general, se considera que este tipo de pacientes son los que mayor beneficio obtienen de la atención geriátrica. Tanto es así que se define como paciente geriátrico al anciano de más de 70 años que además presenta al menos una de estas 3 características: pluripatología (3 o más enfermedades) incapacitante, deterioro cognitivo y deterioro funcional (dependencia en 2 o más actividades de la vida diaria). 
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Sin embargo, los cuidados de Enfermería dirigidos al anciano no pueden quedarse ahí. Trabajar para evitar la dependencia o para alcanzar el grado máximo posible de recuperación cuando esta es reversible es posible. La evidencia científica sostiene que es factible disminuir significativamente la incidencia, prevalencia e intensidad de la dependencia. Para ello es necesario promover la prevención y la promoción de la salud cuando la dependencia aún no ha aparecido, trabajar en la prevención y el control de las enfermedades crónicas y desarrollar servicios sanitarios eficientes para las personas mayores.

Concepción Molina Pérez
Especialista en Enfermería Geriátrica
Vocal de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología (SNGG) (@sngeriatria)

Bibliografía• Ruipérez Cantera I, Gomez Pavón J. “Prevención de la deficiencia, discapacidad y dependencia en Geriatría” en Prevención de deficiencias. 2010. “Curso de prevención de deficiencias. Materiales”. Real Patronato sobre Discapacidad. 359-374. Disponible en: http://riberdis.cedd.net/handle/11181/2968.